Cada martes y jueves por la mañana, la cafetería del centro Nuevo Parque Polvoranca, en Leganés, se llena de movimiento, aromas y sonrisas. Es un lugar sencillo, pero con un significado enorme. Allí, un grupo de personas con discapacidad intelectual atiende a trabajadores y personas del centro, ofreciendo desayunos elaborados por ellos mismos y demostrando que la inclusión se construye, sobre todo, desde las oportunidades reales.
Este proyecto tomó forma dentro de la dinámica habitual de mejora continua de Fundación AMÁS, siempre orientada a generar espacios que impulsen el aprendizaje, la participación y la motivación de las personas. En ese camino, fue creciendo la idea de crear un lugar vivo y cotidiano donde los vecinos y vecinas del espacio residencial pudieran desarrollar nuevas habilidades, relacionarse y mostrar todo lo que saben hacer. Así nació la cafetería que hoy llena de actividad y sentido las mañanas del centro.
Así lo recuerda Noemi Rodríguez, profesional del centro y una de las impulsoras de la idea. Para ella, todo comenzó cuando se abrió la puerta a pensar en nuevas propuestas. “Nos preguntaron cómo queríamos innovar como profesionales aquí y una de mis aportaciones fue hacer un taller de cocina”, afirma. Dicho y hecho. Desde entonces lunes y miércoles cocinan para atender la cafetería los martes y los jueves.
Aprendizaje, autonomía y participación
Ese taller, que empezó como una actividad formativa, se ha convertido hoy en el corazón de un proyecto que combina aprendizaje, autonomía y participación real. La esencia de la cafetería se sostiene en un enfoque muy claro, que es el acompañamiento activo. Es decir, no se trata solo de enseñar tareas, sino de acompañar en los procesos, en la toma de decisiones y en las responsabilidades.
“Hacemos mucho hincapié en que sean ellos quienes vayan desempeñando el trabajo. Trabajamos habilidades como las sociales, el respeto y, sobre todo, la autonomía, como son resolver los problemas que puedan surgir y saber pedir ayuda”, cuenta Nuria Muñoz, profesional de Fundación AMÁS.
Quienes participan en la cafetería hablan de ella con orgullo. Josefina Peralta describe su día a día con una mezcla de responsabilidad y entusiasmo. Prepara cafés, tostadas, sándwiches, atiende a los clientes… y confiesa que “lo que más me gusta es servirles el café porque me dicen que sale muy rico”. Para Manuel García, por su parte, la experiencia ha supuesto un aprendizaje que va más allá de lo culinario ya que “he aprendido muchas cosas que antes no sabía, por ejemplo, estar con gente”.
Un proyecto que sabe a inclusión
Esa confianza se nota también en quienes acuden cada semana a desayunar. Los clientes habituales destacan el ambiente, la cercanía y la profesionalidad del equipo. David Borrallo, observa algo que para él es fundamental. “Ellos tienen una cara de orgullo, de hacer las cosas bien y estar contentos con lo que están realizando. Es un ejemplo de la capacidad que tienen para hacer ese trabajo igual que todos, con una inclusión natural y muy fácil”, asegura.
Para Ana Gómez, cada visita se convierte en un pequeño ritual ya que “todos los días que bajamos a la cafetería es un momento especial porque la forma que tienen de atenderte es muy cómoda”. Y Alba Hernández destaca la dedicación del equipo y esa manera de cuidar cada detalle. “Me gusta el trato que te dan, cómo tratan a cada persona y cómo se desviven por hacer un buen café”, concluye.
La cafetería de Nuevo Parque Polvoranca es mucho más que un servicio de desayunos. Es un espacio donde se construyen relaciones, donde se aprende haciendo y donde cada persona encuentra un lugar desde el que aportar. Un proyecto de Fundación AMÁS que demuestra que la inclusión se vive, se practica y, en este caso, también se saborea.