Participar en una conversación, afrontar un cambio de planes, concentrarse en una tarea, acudir a un evento familiar o simplemente terminar el día con energía suficiente. Muchas actividades cotidianas requieren un equilibrio constante entre las demandas del entorno y las necesidades personales.
La exigencia de ese entorno relaciona, cada vez más, el bienestar con estar tranquilo y relajado. ¿Pero, cómo funciona esa necesidad para personas con autismo? ¿Qué situaciones generan situaciones de estrés, sobrecarga sensorial, emocional o cognitiva?
En el marco del Día Internacional de la Relajación, que se celebra el 15 de agosto, queremos mirar más allá de la calma. Para muchas personas con autismo el objetivo no siempre es estar tranquilas, sino sentirse reguladas. Frente a las estrategias de relajación que buscan reducir el nivel de activación, la regulación consiste en encontrar el equilibrio que necesita cada persona para afrontar el día a día, gestionar el estrés, participar en sus actividades y sentirse segura en su entorno.
Esto se debe a que las personas autistas pueden experimentar con mayor frecuencia situaciones de sobrecarga sensorial, emocional o cognitiva. Eso puede dar lugar a respuestas involuntarias del sistema nervioso que actúan como mecanismos de defensa. El meltdown o shutdown son respuestas a corto plazo donde la persona pierde el control por saturación provocando gritos o conductas agresivas, o, por el contrario, respondiendo con desconexión para conservar la energía perdiendo la capacidad de hablar, moverse o responder a estímulos. Otro tipo de respuestas, fruto del estrés crónico y sobrecarga prolongada, el burnout, pueden durar semanas o meses.
Por ello, para las personas con autismo aprender estrategias de regulación resulta especialmente importante. No se trata de eliminar comportamientos ni de buscar una calma permanente, sino de disponer de herramientas que ayuden a responder a las propias necesidades y a recuperar el bienestar cuando es necesario.
Estrategias de regulación que pueden ayudar
No existe una única forma de regularse. Cada persona encuentra alivio, energía o estabilidad a través de estrategias diferentes. Algunas necesitan movimiento; otras, reducir estímulos o conectar con sus intereses favoritos. Ese tipo de estereotipias pueden constituir estrategias válidas y útiles de regulación.
Entre las más habituales destacan las estrategias relacionadas con el movimiento, como correr, saltar, balancearse o realizar estiramientos, especialmente útiles cuando hay inquietud, cansancio o dificultades para concentrarse. También son frecuentes las herramientas de regulación sensorial, como auriculares, espacios tranquilos, luces suaves o elementos manipulativos, que ayudan a afrontar entornos demasiado estimulantes.
Otras personas encuentran beneficios en ejercicios sencillos de respiración y conciencia corporal, especialmente en momentos de ansiedad o tensión. La regulación emocional, mediante apoyos visuales, conversación o anticipación de situaciones complejas, puede facilitar la comprensión de lo que se siente y de las necesidades que hay detrás de cada emoción.
Los intereses personales también desempeñan un papel fundamental. Leer, investigar, jugar o hablar sobre temas que generan motivación puede convertirse en una poderosa herramienta de recuperación tras jornadas exigentes o situaciones de estrés. Del mismo modo, la regulación puede llegar a través de otras personas —buscando compañía y apoyo— o mediante la necesidad de disponer de tiempo y espacio propio.
La clave está en observar qué funciona para cada persona, en qué momentos y ante qué señales resulta más útil intervenir. La regulación es siempre individual.
Claves para favorecer la regulación en casa
Las familias pueden desempeñar un papel importante creando entornos que favorezcan el bienestar emocional. Algunas recomendaciones sencillas, para utilizar tanto de forma preventiva como reactiva, son:
- Mantener rutinas predecibles que aporten seguridad y reduzcan la incertidumbre.
- Disponer de un rincón de calma, un espacio tranquilo, en casa con elementos que resulten reconfortantes para la persona: cojines, pufs, auriculares, luz suave, apoyos visuales, material sensorial relajante…
- Respetar las preferencias individuales y evitar asumir que una estrategia funcionará igual para todo el mundo.
- Anticipar cambios mediante apoyos visuales, horarios o temporizadores.
- Practicar las estrategias en momentos de calma para que estén disponibles cuando aparezca el estrés.
- Identificar las primeras señales de sobrecarga y actuar de forma preventiva siempre que sea posible.
En definitiva, hablar de relajación en autismo implica ir un paso más allá. La regulación no busca que todas las personas reaccionen de la misma manera, sino que cada una encuentre las herramientas que le permitan sentirse segura, participar en su entorno y desarrollar su vida con el mayor bienestar posible.