El Servicio de Apoyos a la Infancia y Adolescencia, STEIA, es un servicio especializado para niños y adolescentes con discapacidad entre los 6 y los 18 años de Fundación AMÁS. Su misión es asegurar la participación en los entornos en los que participan, facilitar la transición a la vida adulta y promover la inclusión.
Allí acude Aurora, una niña con autismo que ha encontrado en este recurso un espacio seguro donde crecer y sentirse acompañada. Su madre, Rocío, participa de forma activa en los apoyos que recibe su hija y habla de este proceso con una sinceridad que refleja el valor de sentirse arropada. Ella misma explica que “sin duda, para mí el apoyo de mi hija ha sido AMÁS. A mí y a mi hija nos han ayudado muchísimo”.
Para lograrlo, el equipo desarrolla un Plan Personal y Familiar de Apoyos, una herramienta que permite evaluar necesidades, planificar apoyos y coordinar recursos comunitarios para que cada familia avance con seguridad y confianza.
Un acompañamiento integral
En STEIA, el acompañamiento no se limita a las sesiones dirigidas a los niños. Se busca un apoyo global en el que una pieza fundamental es la familia, atendiendo sus necesidades y sus prioridades del día a día. Rocío lo describe con claridad cuando habla de la importancia de sentirse acompañada y comprendida en cada paso. “Tenemos todos los profesionales que necesitamos. Lo que más me gusta son las terapias personalizadas porque te desmenuzan el día a día de tu hija y te preguntan qué es lo que más te cuesta hacer con ella y te ayudan siempre”, detalla.
El equipo de STEIA analiza cada situación con cuidado, desglosando rutinas, identificando dificultades y proponiendo estrategias que permiten avanzar poco a poco. Esa mirada personalizada, la de entender a cada niño y niña desde sus capacidades, sus ritmos y su entorno familiar, es una de las señas de identidad del servicio.
Una sociedad que debe avanzar
El autismo ha transformado la forma en la que Rocío mira la vida. Aurora le ha enseñado a frenar, observar y valorar los pequeños detalles que antes pasaban desapercibidos. “Gracias a mi hija he aprendido a vivir más despacio”, recuerda. En STEIA, este aprendizaje se acompaña con sensibilidad y profesionalidad. Cada avance, por pequeño que sea, se celebra como un logro importante. Todo ello siempre se da desde un enfoque respetuoso, humano y centrado en la familia y en la persona.
La experiencia de Rocío también refleja una realidad social que todavía necesita avanzar. Muchas familias encuentran barreras en el acceso al ocio, en la falta de información o en miradas que no siempre comprenden la diversidad. Ella lo expresa con claridad al asegurar que “me gustaría que la gente entendiera que los niños con autismo son niños. Tienen las mismas inquietudes que otros niños. Aurora es una niña como otra cualquiera y no me gustaría que la rechazasen”.
STEIA trabaja, precisamente, para derribar esas barreras, ofreciendo apoyos que permiten que los niños y adolescentes participen en la comunidad, relacionándose, disfrutando y teniendo las mismas oportunidades que cualquier otra persona.
Aurora: alegría y una forma única de mirar el mundo
Aurora es, según la define su madre, “una niña cariñosa, alegre, tenaz y constante”. Quienes la acompañan cada día en STEIA ven en ella una forma única de relacionarse con el mundo. Su presencia recuerda que cada niño tiene su propio ritmo y que respetarlo es la base de cualquier acompañamiento real.
En cada sesión, Aurora y su familia muestran esa constancia que las caracteriza, alcanzando grandes logros gracias a su trabajo diario. A veces es un gesto, otras una mirada o una nueva habilidad que aparece casi sin avisar. Para Fundación AMÁS, historias como la suya son el motor de cada esfuerzo y la prueba de que el apoyo adecuado puede transformar vidas, abrir caminos y construir futuros más inclusivos.