Cada día, de lunes a viernes, a partir de las once de la mañana, la cafetería de Inclusión Coimbra, en Móstoles, empieza a llenarse de movimiento, aromas y conversaciones. Allí personas con discapacidad intelectual atienden a vecinos, profesionales y visitantes, ofreciendo desayunos preparados por ellos mismos.
Este proyecto es el resultado de la consolidación de proyectos similares surgidos en el centro Inclusión Zurita, en Alcorcón, el Centro Cultural Villa de Móstoles o la cafetería de Nuevo Parque Polvoranca, en Leganés. La experiencia acumulada en estos centros ha permitido que la cafetería de Coimbra se consolide como un entorno vivo donde aprender, participar y mostrar las capacidades de cada persona. En esta ocasión, la colaboración con Caffè d’Autore ha sido clave para hacerlo posible.
Preparación, responsabilidad y aprendizaje
Antes de abrir la puerta, el equipo ya está en marcha. Preparan el tumaca, colocan las mesas, organizan los platos, reponen bebidas y encienden el horno. Son tareas que forman parte del proceso y que ayudan a crear una rutina laboral.
“Tanto para las personas con discapacidad intelectual como para nosotras es un proyecto muy gratificante” explica Elisabeth Merino, una de las coordinadoras del proyecto. Para ella la cafetería es un espacio de crecimiento personal para muchas personas ya que “aquí también tenemos muy en cuenta el previo y el post de la cafetería. Ya nNo solo servir el café o las tostadas”.
La organización de los puestos de trabajo se hace escuchando a cada persona y cada una de las necesidades. Hay quien atiende a los clientes, quien se encarga del horno, quien limpia o quien gestiona la caja. Todo se adapta a cada uno y a las fortalezas de cada participante. Además, para facilitar la comunicación, las comandas se realizan con pictogramas, una herramienta visual que permite que quienes no utilizan lenguaje oral participen de forma autónoma y clara.
Un lugar donde todo el mundo suma
Alberto Molina, uno de los participantes, vive su paso por la cafetería con entusiasmo. Cuenta que “yo ayudo con la caja, atender a los clientes, dar el cambio, usar los pictogramas…”. Afirma sentirse cómodo con el contacto directo con las personas. “Lo que más me gusta es atender a los clientes y cuando vienen me siento muy bien”, cuenta.
La experiencia también se vive desde el otro lado de la barra. Desiree Ruiz, clienta habitual, asegura que “suelo venir desde que se abrió, para probar la experiencia y socializar y descansar y coger fuerzas para afrontar la jornada”. Valora el trato cercano y respetuoso y añade que “lo que más me gusta es el trato al cliente con mucho respeto. También las habilidades que estas personas desarrollan al estar en esta cafetería”.
En este aspecto, Desireee reconoce que el uso de pictogramas ha sido clave para el funcionamiento de la cafetería ya que “han facilitado mucho a las personas que están aquí poder trabajar en ello”.
Un proyecto que sabe a inclusión
La cafetería de Inclusión Coímbra es mucho más que un servicio de desayunos. Es un espacio donde se aprende haciendo, donde se construyen relacionales personales y donde cada persona encuentra un lugar desde el que aportar.