Fundación AMÁS

20 años de la Convención de la ONU: de la tutela de las personas con discapacidad intelectual a la decisión propia con los apoyos necesarios 

Las tres personas que participan en el diálogo

Veinte años después de la aprobación de la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, su impacto se refleja en la vida cotidiana de miles de personas y en la evolución de entidades que han hecho de sus principios una guía de trabajo. La Fundación AMÁS es una de ellas.  Su apuesta por la vida en comunidad, la personalización de los apoyos y el reconocimiento pleno de derechos ha marcado un cambio profundo en la forma que tenemos de acompañar a las personas con discapacidad intelectual. 

“La Convención nos ha permitido entender a la persona con todos sus derechos y con toda la capacidad de acceder a los diferentes recursos”, explica Fernando Sánchez, director de Servicios de Viviendas de nuestro centro Los Pinos. Para él, el avance más significativo ha sido situar a cada persona en el centro de su propio proyecto vital. “El punto clave es ese: poner a la persona en el centro con sus planes personales”. 

Vida en comunidad, principio irrenunciable de AMÁS   

La Fundación AMÁS ha orientado su modelo hacia entornos comunitarios, alejándose de estructuras residenciales tradicionales. Como resume Fernando, “creemos que la vida de las personas tiene que ser en la comunidad, en pisos. Los servicios residenciales deben enfocarse hacia la participación activa y la generación de espacios donde la persona pueda decidir y hacer”. Acciones tan cotidianas como cocinar, poner una lavadora o prepararse un bocadillo forman parte de esa autonomía que la entidad promueve. 

Este enfoque comuntiario se inspira directamente en el artículo 19 de la Convención, que reconoce el derecho a vivir de forma independiente y a ser incluido en la comunidad. “La inclusión es un elemento clave de intervención y la fórmula para que la persona desarrolle su propio proyecto de vida”, señala Fernando. No se trata de un gesto simbólico, insiste, sino de justicia porque “no se ha reconocido por buenismo, sino porque era necesario reconocerlo” recuerda el profesional.  

Laura: decidir sobre la propia vida con los apoyos que necesita  

La experiencia de Laura Fernández, miembro del Comité de Ciudadanía de AMÁS, refleja cómo estos avances se traducen en autonomía real. Vive en un piso tutelado en Leganés y participa activamente en la defensa de derechos.“Ha sido el paso de que decidieran todo por mí a que yo, con los apoyos necesarios, decida sobre mi propia vida”, explica con firmeza.  

Uno de los cambios que más valora es el derecho al voto. “¿Por qué no se nos iba a poder dejar votar?”, se pregunta. La reforma legal que garantizó el sufragio a todas las personas con discapacidad intelectual supuso un hito importante y, para Laura, “esa ley permitió que ahora podemos votar perfectamente con los apoyos necesarios”.

Laura se refiere, asímismo, a otros cambios normativos de gran calado, como la Ley 8/21 de provisión de apoyos para la toma de decisiones, y a la reciente modificación del artículo 49 de la Constitución para modificar la terminología con la que referirse, dignamente, a las personas con discapacidad. Aun así, Laura recuerda que el camino no está completado y cree que “queda mucho trabajo por hacer”, porque, “sigue habiendo desigualdades y muchos insultos a las personas con discapacidad intelectual”.   

Pablo, un padre que ha encontrado los apoyos necesarios  

Para Pablo Labrado, padre de Susana e Izan, dos adolescentes con discapacidad intelectual que acuden a STEIA, la evolución de estos años ha sido evidente. “Con la experiencia de mis hijos ha habido un cambio muy grande. Antes no era entendidos y ahora se intenta integrar al niño con discapacidad dentro del alumnado normal”, asegura. Destaca además la mayor preparación de los centros educativos ya que “los profesores están más concienciados y actúan muy rápido”. 

El enfoque de derechos es evidente para Pablo, aunque reflexiona sobre la necesidad de mejorar cómo llevarlo a la práctica. “Si las administraciones públicas confían en las entidades como AMÁS para ofrecer servicios y apoyos que ellos no pueden, no tiene sentido que no se les dote de la financiación adecuada”, señala, en línea con la campaña “sin recursos no hay cuidados” del movimiento asociativo Plena inclusión. 

Su experiencia personal con Fundación AMÁS ha sido determinante para ganar esa independencia y mayores derechos. “Para mí ha sido un alivio. Pasé de no saber qué hacer con mis hijos a ver que son independientes y gestionan su día a día. Siempre estaré súper agradecido a la Fundación AMÁS”, cuenta.  

Dos décadas después, la Convención sigue siendo un marco imprescindible para garantizar derechos, impulsar cambios y consolidar una sociedad más inclusiva. En entidades como Fundación AMÁS, su espíritu se traduce en prácticas concretas, como son los apoyos personalizados, participación real, vida en comunidad y reconocimiento pleno de la dignidad de cada persona. 

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