El alumnado del colegio público Pablo Sarasate, en Móstoles, disfrutó de unas jornadas muy especiales de la mano de Fundación AMÁS. Acompañados por familias y profesionales de la Fundación, niños y niñas se acercaron desde el juego y la experiencia directa a diferentes formas de comunicación utilizadas por personas con discapacidad intelectual y/o del desarrollo.
La iniciativa, diseñada y promovida por un grupo de familias de la Fundación para promover una mirada inclusiva desde la infancia, combinó propuestas participativas, dinámicas sensoriales y la lectura de un cuento que invitaba al alumnado a ponerse en el lugar del otro. Junto a las profesionales del área de infancia de la Fundación, las familias plantearon el taller desde ese enfoque lúdico y experiencial.
La respuesta del alumnado fue especialmente significativa. Tal y como señalaba Cristina Cano, psicóloga y terapeuta de la entidad, “muchos niños experimentaron alivio al sentirse comprendidos por sus compañeros”.
En la misma línea se mostraba María Victoria Eugenia, logopeda en Fundación AMÁS, que afirmaba que “ha sido una experiencia muy enriquecedora. A los niños les ha servido para darse cuenta de cómo puede sentirse una persona que no sabe comunicarse y han desarrollado una mayor empatía hacia otros alumnos”.
A través de las dinámicas grupales, el alumnado pudo ponerse en la piel de un niño con dificultades de comunicación verbal y entender la frustración que puede surgir al intentar expresarse sin ser comprendido, una experiencia que, como explicaba Mar Torres, una de las alumnas participantes, resultó muy reveladora.
Un cambio de mirada en la etapa adulta
La lectura del cuento de Marc, un niño que no podía hablar y que encontraba en los pictogramas y los comunicadores una vía para compartir sus emociones, fue uno de los momentos más emotivos. Para alumnas como Daniela Bravo, esta historia dejó huella. “Nos leyeron un cuento de un chico que no podía hablar y que se sentía muy triste”, recordaba.
El profesorado también vivió la jornada como una oportunidad de aprendizaje. Laura Benedí, docente del centro, destacó “la espontaneidad con la que los niños acogen las diferencias”. Además, señalaba que “si ahora, de pequeños, somos capaces de plantar esas semillitas, cuando sean adultos habrá un cambio de miradas”. Por su parte, Pablo Almansa, secretario del colegio, recordaba que “estas jornadas despiertan el interés de los niños por ver cómo ayudar a los niños con dificultades comunicativas”
Desde Fundación AMÁS queremos destacar especialmente el compromiso de familias como la de Marta Amores, que forman parte activa tanto de la entidad como del propio centro educativo. Su implicación demuestra cómo, desde los entornos más cercanos, es posible impulsar cambios reales en la manera de mirar y comprender la diversidad. Construir desde lo local es una de las claves para generar esa “otra mirada” que transforma los espacios educativos en lugares más inclusivos y abiertos a todas las formas de comunicación.
La jornada concluyó con una reflexión compartida sobre la necesidad de seguir impulsando espacios donde la empatía y la diversidad sean protagonistas. Como resumía la propia Marta Amores, “a los adultos nos falta quitarnos prejuicios y ver esa parte más emocional de las personas, porque quizá nos olvidamos mucho de ella”.