Cuando Ventura Calso habla de su vida, no enumera fechas ni cargos de representación. Habla de caminar, de leer, de pintar y de elegir por sí mismo. Detrás de esas palabras hay muchos años de cambios que explican cómo han evolucionado los apoyos y la mirada de la sociedad hacia las personas con discapacidad intelectual.
Ventura Calso lleva casi tres décadas formando parte de AMÁS. Llegó en 1997 al Centro Ocupacional Los Pinos de Leganés, lindante con los hogares donde hoy vive, en una época en la que su gestión era todavía de ADFYPSE y la realidad de los apoyos muy distinta a la actual.
Con la calma y la tranquilidad que le caracteriza, Ventura recuerda que los comienzos no fueron fáciles. En ese momento, se encontró un entorno completamente desconocido y necesitó tiempo para encontrar su lugar. Sin embargo, poco a poco fue descubriendo que la adaptación no dependía únicamente de acostumbrarse a nuevas rutinas, sino también, de las personas que le acompañaban en el camino.
«La persona cuando llega a un centro no conoce estos sitios, se va adaptando a formas de trabajo distintas. Con el tiempo, la gente se va encontrando mejor gracias a la atención y al trato que recibimos», explica. Para él, esa experiencia marcó un antes y un después. La incertidumbre inicial fue dando paso a la confianza y la confianza a la sensación de pertenecer a un lugar donde se sentía escuchado y acompañado.
La vida en comunidad también dio un giro radical. Ventura recuerda una época en la que casi todo sucedía dentro del centro y salir al entorno era algo excepcional. Hoy, en cambio, la realidad es muy distinta. Las personas con discapacidad no esperan a que la comunidad llegue hasta ellas, sino que forman parte de ella. Salen, participan, trabajan, disfrutan de espacios compartidos y contribuyen a la vida de sus barrios y ciudades.
“Salimos más y conocemos nuevos sitios. Para nosotros ese cambio fue un mundo porque no salíamos”, recuerda Ventura. Una idea sencilla y también poderosa, la de la transformación de quienes dejaron de vivir al margen para convertirse en ciudadanos visibles y presentes en su propia comunidad. Ese “mundo” del que habla es, en realidad, el acceso a derechos que durante años estuvieron limitados para las personas con discapacidad intelectual.
Ventura, un vecino que convirtió los apoyos en autonomía
Durante nuestra conversación con Ventura, recuerda cómo a medida que ganaba confianza y autonomía, descubrió algo fundamental: su voz tenía valor y podía contribuir a cambiar las cosas. Fue entonces cuando llegó una nueva oportunidad, cuando cerca del año 2000 se crearon los grupos de autogestores.
Impulsados por el movimiento asociativo FEAPS, hoy Plena inclusión, reunía a personas adultas con discapacidad intelectual para defender sus derechos, ganar autonomía y tomar decisiones por sí mismas. Ventura se incorporó desde el principio y encontró en ese espacio una forma de hablar por sí mismo, de defender sus derechos y de decidir sobre su propia vida. “Ahí se trataba de resolver los problemas que teníamos por nosotros mismos”, define Ventura a estos grupos.
Con el tiempo, su implicación creció y aún hoy se emociona al recordar un momento que le llenó de orgullo. Fue nombrado representante de ética y de autogestores en ADFYPSE y llegó a participar como tal en FEAPS, una responsabilidad que él vivió con enorme compromiso. “Me nombraron representante y me invitaron a FEAPS, tenía una responsabilidad muy grande porque estás representando a un grupo de personas”, afirma.
Ventura es un hombre de grandes convicciones y tiene claro que participar es contribuir. Lo dice con la certeza que nace de la experiencia ya que, como detalla, “participar ya es contribuir a algo, la cosa está en participar en la sociedad”. Además, añade que en «aquellos años las personas con discapacidad empezaron a decidir cosas, poquito a poco, y que, aunque queda camino, hoy la situación es mejor»
Su mirada hacia el presente es muy serena y firme. “Hoy mi vida es placentera”, afirma. Tiene tres hobbies fundamentales, que son andar, leer y pintar. El mismo lo cuenta con orgullo por que son elecciones propias. “He elegido las tres cosas y nadie me ha tenido que decir qué hacer”.
Los apoyos han sido clave en su recorrido. Habla del equipo que le ha acompañado con gratitud y claridad, pero también reivindica su propio esfuerzo, porque parte de lo que tiene lo ha conseguido él mismo. “Me siento orgulloso de lo que tengo, además de que me han ayudado mucho, pero parte de lo que tengo lo he conseguido yo por mis propios medios”, dice.
Ventura ha visto en primera persona cambiar la visión que tiene la sociedad sobre la discapacidad. “Ya se mira más a la persona con discapacidad, antes no. La sociedad nos ve más como personas, antes prácticamente no te conocía”, opina. Para él, “este avance es posible gracias a las personas que nos apoyan, pero también de las personas que tenemos discapacidad” recalca.
Cuando piensa en el futuro, lo ve prometedor y también tiene un mensaje para quienes siguen construyendo el proyecto de AMÁS: “Que no se cansen, que sigan trabajando y esforzándose porque todo tiene una satisfacción”, dice con una mirada que habla de avances y de todos los derechos que quedan por reconocer.
Para él, la verdadera conquista ha sido haber elegido su camino y haberlo recorrido con autonomía, apoyos y determinación. Quizá por eso, cuando mira atrás y repasa todo lo conseguido, lo hace con la satisfacción de haber podido construir su propia vida. “Eso no tiene palabras”, concluye.