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Lucha, compromiso y hogar: el testimonio de Martín Pozo sobre los orígenes de ADFYPSE

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foto de portada de Martín Pozo

Hay personas que nos ayudan a comprender cómo nació una entidad desde el conocimiento de quienes formaron parte de ese nacimiento. Martín Pozo es una de ellas. Cuando habla de los orígenes de ADFYPSE, lo hace desde la experiencia de quien estuvo allí. 

 La historia de Martín está estrechamente ligada a la de ADFYPSE, germen de lo que hoy es Fundación AMÁS. Es, como la de tantas otras familias de Leganés, una historia de compromiso familiar, reivindicación y solidaridad colectiva en la que tuvo un papel destacado Standard Eléctrica, que mucho antes de que se hablara de Responsabilidad Social Corporativa, mostró una sensibilidad poco habitual para la época, facilitando que sus trabajadores impulsaran iniciativas que acabarían cambiando la realidad de cientos de familias. 

Esas primeras reuniones entre las familias fueron el origen de ADFYPSE. Detrás había madres, padres, hermanos y personas comprometidas que se negaban a aceptar que sus hijos quedaran excluidos de la sociedad. Entre ellos, Martín recuerda especialmente a algunos de los grandes impulsores de este proyecto, como son Antonio García, Antonio Briones, Arenillas y otros padres pioneros que dedicaron tiempo, esfuerzo y convicción a construir algo que, por aquel entonces, parecía imposible. 

Gracias a esa determinación, la asociación fue creciendo poco a poco. Los primeros espacios eran modestos, casi improvisados. Martín recuerda cómo acudían a un garaje de la calle Alonso Carbonell, donde realizaban talleres y actividades. Más adelante, la asociación consiguió unos terrenos en Leganés que permitiría seguir avanzando. 

«ADFYPSE consiguió unos terrenos en Leganés y allí se instaló el centro ocupacional», recuerda, que recibía muchos encargos de Standard. 

Vocal de la primera junta directiva de ADFYPSE, Martín recuerda cómo cada familia peleaba por una misma causa, la visibilidad y la participación social, aunque desde distintos ámbitos. “Había una parte importante de producción, de conseguir trabajo para nuestros hijos, pero yo me vinculé más al ocio y al deporte” confiesa.  

Ahí le viene a la memoria el nacimiento del grupo de ocio ‘Jaleo’, posible gracias a los hermanos y hermanas de las personas con discapacidad intelectual. Jóvenes que renunciaban a parte de su tiempo libre para acompañar actividades, organizar salidas o participar en el ocio de los fines de semana.  «Esos hermanos y hermanas ahora tienen 50 o 60 años, pero entonces a sus 18 o 20 actuaban de una manera increíble en las actividades del centro y en el ocio del fin de semana», explica Martín con admiración. 

El testimonio de Martín Pozo sobre los orígenes de ADFYPSE 

Las décadas han pasado, pero la vinculación de Martín con el proyecto continúa intacta. Nacho, el hijo de Martín que nació en aquellos años que lo cambiaron todo, es ya una persona adulta  y con grandes necesidades de apoyo que vive en uno de los hogares de Fundación AMÁS en Leganés. Por eso, cuando le preguntan qué significa ADFYPSE para él, la respuesta llega sin artificios: «ADFYPSE es la casa de mi hijo Nacho, que está en Leganés». 

Tras décadas vinculado al proyecto, Martín reconoce que la integración de ADFYPSE en Grupo AMÁS no fue fácil de asumir al principio, aunque hoy tiene claro que «ha sido un paso importante para las personas con discapacidad del sur de Madrid y un acierto». La experiencia le ha permitido comprobar los avances que se han producido en estos años, especialmente en recursos vinculados a la autonomía y a los proyectos de vida independientes. «El cambio ha servido para mejor para las personas con discapacidad», afirma convencido. 

Cuando mira hacia atrás, encuentra una definición sencilla para resumir lo que significó aquella asociación nacida de las familias. «ADFYPSE fue una lucha para la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad por parte de las familias». 

All hablar de futuro insiste en algo que considera fundamental: no olvidar a quienes iniciaron el camino. «A mí me gustaría que se recordase a todo el mundo que luchó por esto».  Son palabras que incluyen a muchas personas anónimas, tantos hombres y mujeres que hicieron posible que aquella iniciativa se convirtiera en una realidad consolidada.

Personas que abrieron puertas cuando apenas existían caminos y que sentaron las bases de los apoyos de los que hoy disfrutan miles de personas con discapacidad y sus familias. Martín agradece además a tantas otras que continúan hoy la lucha, como Jesús Rodríguez, Carlos Pérez, Felipe Talavera o M. Ángeles Sancho y tampoco se olvida de quienes continúan esa labor cada día. «Para mí es muy respetable, muy de tenerlos en cuenta, estos profesionales que se dedican mucho, aunque las condiciones económicas no son las mejores». 

La historia de Martín y su familia es la de una generación de familias que decidió no resignarse. Una historia que merece ser contada para que nunca se olvide de dónde venimos. 

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