Fundación AMÁS

El envejecimiento ya define el presente de Fundación AMÁS

cinco personas posando a cámara

Gracias a los avances sanitarios, sociales y a los apoyos desarrollados durante las últimas décadas, las personas con discapacidad intelectual viven más años que nunca. Sin embargo, este logro trae consigo el enorme desafío de garantizar que esa mayor esperanza de vida vaya acompañada de bienestar, salud, participación y autonomía. 

En Fundación AMÁS esta realidad ya forma parte del día a día. Actualmente, más de la mitad de las personas adultas con discapacidad intelectual apoyadas por la entidad tienen 45 años o más y se encuentran en una etapa asociada al proceso de envejecimiento. Lejos de representar una realidad futura, el envejecimiento constituye ya la principal característica demográfica de la población adulta de la Fundación. 

Además, las previsiones apuntan a que esta tendencia seguirá creciendo durante los próximos años. Las estimaciones más conservadoras sitúan el porcentaje de personas en situación de envejecimiento en torno al 70 % de la población adulta en la próxima década. Por eso, cuando hablamos de envejecimiento en Fundación AMÁS, hablamos ya de gestionar nuestro presente. 

Esta transformación afecta a todos los servicios de la entidad. El envejecimiento se observa en los centros ocupacionales, en las viviendas en comunidad de la entidad, en los recursos residenciales y también en el ámbito laboral. Una realidad que obliga a adaptar apoyos, espacios y actividades para responder a nuevas necesidades. 

Uno de los lugares donde este cambio resulta especialmente visible es el Centro Ocupacional Los Pinos, en Leganés. Allí participa Ricardo González, que a sus 70 años continúa desarrollando su actividad en el taller de textil. Cose a máquina y a mano, marca ropa para las residencias de AMÁS y realiza diferentes arreglos de prendas. «Los profesionales me ayudan explicando cómo hacer el trabajo y yo luego lo hago», explica. Además, participa en el Club de Lectura Fácil porque, según cuenta, «voy para no perder la memoria». Ricardo asegura que lleva bien el hacerse mayor, aunque reconoce algunos cambios propios de esta etapa ya que «a veces me cuesta andar y llevo gafas».  

Una realidad que seguirá creciendo 

La soledad no deseada, la pérdida progresiva de autonomía o el deterioro cognitivo son algunos de los retos que aparecen con el envejecimiento y que también afectan a las familias. María Dolores lo vive de cerca junto a su hermano Pepe.  

«Esto se presentó de golpe y muy rápido. El envejecimiento sabíamos que iba a llegar, pero luego fue de otra manera», detalla. La evolución de su hermano ha sido tan acelerada que, en ocasiones, resulta difícil asimilar los cambios porque como ella misma señala» ves cómo pierde su identidad y se le olvidan las cosas. Está pasando por etapas muy rápido y a las familias no nos da tiempo a adaptarnos a esa realidad». 

Ante una situación así, María Dolores destaca el acompañamiento recibido por parte de AMÁS. «Estamos recibiendo mucho apoyo. Siempre me he sentido muy protegida. Cualquier problema lo he podido consultar con los profesionales y siempre me han dado una solución». Gracias a talleres, formaciones y asesoramiento profesional, asegura haber aprendido a afrontar una realidad que desconocía. «Creemos que estamos preparados para el envejecimiento de las personas, pero no lo estamos. Yo no sabía nada del envejecimiento», concluye.  

Personas, familias y profesionales ante esta realidad  

Para Alonso Donoso, responsable de envejecimiento de Fundación AMÁS, la prevención y el acompañamiento son fundamentales. «Más del 50% de las personas a las que apoyamos están ya en un proceso de envejecimiento y serán muchas más durante los próximos años». Una situación que, según explica, es «una llamada de emergencia para los centros ocupacionales», que necesitan recursos cada vez más especializados para responder a las nuevas necesidades. 

Con este objetivo, Fundación AMÁS ya está impulsando programas preventivos de salud y bienestar, acciones de detección precoz del deterioro, adaptación de actividades y entornos, formación específica para profesionales y acompañamiento a las familias. También ha puesto en marcha el proyecto MayorES, una iniciativa creada para acompañar el envejecimiento de las personas trabajadoras con discapacidad intelectual y apoyar la toma de decisiones sobre continuidad laboral, transición o jubilación. 

El envejecimiento es un reto creciente para la Fundación AMÁS, que requiere una adaptación constante de recursos, refuerzo de de equipos profesionales y apoyos especializados para dar respuesta a necesidades cada vez más complejas. Avanzar en este compromiso pasa también por seguir reforzando el apoyo de las administraciones públicas, de manera que los recursos disponibles evolucionen al mismo ritmo que la realidad social. 

Ismael Carrillo, director general de Fundación AMÁS, señala que «el envejecimiento de las personas con discapacidad intelectual es uno de los grandes retos para las entidades sociales durante los próximos años». Un reto para el que Fundación AMÁS quiere seguir construyendo respuestas que garanticen «dignidad, bienestar y participación para que todas ellas puedan envejecer con derechos». Porque el verdadero desafío ya no es solo vivir más años, sino hacerlo con la calidad de vida y los apoyos que toda persona necesite. 

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