Con motivo del Día del Periodista, que se celebra cada 24 de enero, en Fundación AMÁS recordamos el valor que tiene una comunicación capaz de defender derechos, unir a las personas y favorecer una convivencia más justa.
Detectamos que la ciudadanía vive un momento en el que la información convive con la polarización y con un exceso de mensajes negativos. Por eso creemos que es más necesario que nunca recuperar relatos que aporten luz, que ofrezcan soluciones y que reflejen la realidad completa de la sociedad en la que vivimos.
El reto del burnout informativo
Para contrarrestar la sobreexposición actual a contenidos centrados en el conflicto, desde Fundación AMÁS animamos a apostar por un periodismo social y constructivo que, sin restar importancia a los problemas, amplíe la mirada para mostrar iniciativas que generan impacto real y que ayudan a entender cómo avanzamos todos y todas como sociedad.
Estamos convencidos de que cuando la agenda pública se llena únicamente de crisis, se invisibilizan avances, proyectos y experiencias que fortalecen las relaciones humanas y las comunidades. “Muchas personas se alejan de la actualidad porque sienten que solo reciben mensajes que generan preocupación o desánimo”, señala Ismael Carrillo, director general de Fundación AMÁS.
Un llamamiento a los medios
Bajo esta premisa, personas con discapacidad intelectual de Fundación AMÁS protagonizan un vídeo en el que invitan a los profesionales de la comunicación a incorporar más relatos que inspiren, que fortalezcan la cohesión social y que contribuyan a una mirada más justa sobre la discapacidad y la diversidad humana.
“Cada titular tiene la capacidad de influir en la opinión pública y en la forma en que se perciben los temas sociales. En tiempos difíciles, la información puede dividir o unir. Apostar por enfoques didácticos y constructivos es una forma valiosa de contribuir al bienestar colectivo”, añade Carrillo.
Historias que construyen comunidad
Desde Fundación AMÁS compartimos también algunos ejemplos de esta comunicación inspiradora, que persigue y consigue el ejercicio de derechos y que es solidaria y transformadora gracias a nuestra red de centros y proyectos, desde los que cada día impulsamos inclusión, empleo, participación y apoyos que transforman vidas.
La puesta en marcha de la primera cafetería escuela de especialidad inclusiva en Móstoles es un ejemplo de colaboración público-social que contribuye al empleo de una forma práctica e innovadora. Las personas con discapacidad intelectual que forman parte de esta iniciativa, que combina formación y empleo, se preparan como baristas y profesionales de un sector en expansión, al tiempo que desarrollan competencias propias de un trabajo de atención al público.
La contribución voluntaria de personas como Rosa Parreño o Jaime Aguareles es un ejemplo del valor humano que sostiene a Fundación AMÁS. Su acompañamiento no solo ha transformado la vida de las personas con discapacidad intelectual a las que apoyan, sino también la suya propia. Pero también las personas con discapacidad contribuyen al bienestar de otras. Es el caso de Silvia, participante de Cruz Roja, o de Isabel, que ayuda a paliar la soledad de las personas mayores.
Gracias a la figura del “conseguidor de sueños”, en Fundación AMÁS ayudamos a personas con discapacidad intelectual a alcanzar metas personales que, de otro modo, quedarían fuera de su alcance. La difusión de estas historias en nuestra web y redes sociales ha permitido mostrar que la inclusión también se construye desde los deseos y desde aquello que hace que cada persona se sienta protagonista de su propia vida. Conocer al Papa Francisco, hacer submarinismo o practicar parasailing son solo algunos ejemplos de este proyecto.