Hay viajes que terminan cuando se deshace la maleta. En cambio, hay otros que permanecen mucho tiempo después de volver a casa. Para Luigi y Encarna, voluntarios de Fundación AMÁS, este verano ha sido una oportunidad para acompañar a personas con discapacidad intelectual en sus vacaciones, compartir momentos inolvidables y descubrir que el voluntariado transforma tanto a quien recibe el apoyo como a quien lo ofrece.
Luigi viajó hasta La Línea de la Concepción, en Cádiz. Allí compartió días de playa, piscina y excursiones, pero los recuerdos que más valora son los más sencillos. «Me quedo con algunos momentos del día a día, como entrar a la habitación y que te abracen o levantar la cabeza y ver una sonrisa», explica.
Más allá de los buenos momentos vivido, Luigi destaca el valor inclusivo de estas experiencias. Tal y como explica, «estoy cada vez más convencido de que hay que seguir apostando por la inclusión de las personas con discapacidad intelectual a través de los viajes. Relacionarse con entornos ajenos a la discapacidad ayuda a normalizar actividades de ocio y fomenta la inclusión».
Pequeños momentos que dejan una huella
Encarna vivió una experiencia similar en Comarruga, Tarragona. Aunque llevaba dos años colaborando, puntualmente, como voluntaria en actividades culturales y de Ocio del Servicio de Ocio de Fundación AMÁS, esta era su primera aventura de vacaciones como voluntaria. «Me surgió la oportunidad y dije que sí. Y allí que me fui». Reconoce que el primer día sintió cierta incertidumbre, pero todo cambió nada más subirse al autobús ya que “fue subir al autobús, conocer a todos y sentirme muy tranquila. Lo pasamos genial».
Entre todos los momentos vividos, guarda un recuerdo muy especial de una mujer a la que apoyó durante el viaje y que no tenía comunicación verbal. Encarna cuenta que «se acercaba a ti para que le dieras un beso y también se reía cuando estaba bien». Para ella fue un vínculo construido desde la cercanía y el cariño que sigue emocionándola al recordarlo.
Durante esos días también descubrió el valor del trabajo en equipo y la profesionalidad de quienes hacen posible estas vacaciones. Pero, sobre todo, se quedó con una reflexión. «Todos somos iguales. Una discapacidad no define a una persona. Con ellos te das cuenta de que no tienes que comportarte de manera especial, simplemente tienen sus particularidades como cualquier persona».
Mucho más que unas vacaciones de verano
Ambos coinciden en que el voluntariado les aporta mucho más de lo que imaginaban. «Siempre se aprende de las personas con y sin discapacidad y de experiencias como estas» asegura Luigi mientras que Encarna afirma que «ellos te aportan más a ti que tú a ellos». Por eso, cuando les preguntan qué le dirían a alguien que está pensando en hacerse voluntario, su respuesta es clara. «Le diría que no lo dude, que lo haga porque esto engancha mucho», dice Encarna. «Que tengas ganas, voluntad y nada más», recalca Luigi.
Historias como las suyas forman parte de un proyecto mucho más amplio. Este verano, AMÁS ha organizado más de 30 viajes desde los servicios de vivienda, residencias y ocio, movilizando a un centenar de profesionales y 15 personas voluntarias, cuya implicación resulta fundamental para que cada viaje se convierta en una experiencia de ocio, autonomía e inclusión.
Si tú también quieres vivir algo que deje huella, te invitamos a dar el paso y formar parte de nuestro voluntariado. Porque hay experiencias que pueden cambiar tu forma de mirar el mundo. Como las que vivieron Luigi y Encarna.